¿Qué véis ahí? Un «adulto joven», de tupida barba y ojos picarones no duda: son dos cuerpos, uno femenino y otro masculino, en pose claramente erótica. Una chica coincide: son un hombre y una mujer. Los niños perciben cosas que no tienen nada que ver con estas escenas, como si su cerebro corriera un pudoroso velo de censura. «Delfines, hay delfines», vociferan chavales de no más de nueve años. El panel, parece ser un medidor de inocencias perdidas. Forma parte del taller de divulgación científica que puede verse hasta hoy en el Museo Municipal, en la Plaza de Publio Hurtado. La ilustración de los delfines y los cuerpos es una de las muchas propuestas de esta actividad, que trata de incentivar la imaginación y de aportar conocimientos.De 0 a 99, como marca la etiqueta de muchos juegos de mesa, ayer, varias generaciones de cacereños abrieron la boca con sorpresa ante las curiosidades, los hallazgos y los intríngulis del lado más lúdico de la ciencia. Abuelos que iban con sus nietos y aplaudieron a rabiar, padres con sus hijos que se quedaban mirando al techo con expresión de «¿Eureka!». Es una actividad organizada por el Ayuntamiento y la Universidad de Extremadura para celebrar los ya últimos coletazos del año de la ciencia, que se ha conmemorado durante todo 2007. En plenas navidades, la propuesta se convirtió en una buena alternativa para llenar las jornadas de vacaciones de los más pequeños.
Qué hay
Varias exposiciones y un taller con animación conforman un recorrido por las tripas de distintas materias científicas. «Está de moda», asegura José María Corrales, uno de sus organizadores que, con bata blanca y actitud científica, va desgranando, entre bromas, verdades tan absolutas como las leyes que rigen la física. Tan de moda está la ciencia para todos los públicos que, dice Corrales, varios programas televisivos ya tienen espacios dedicados en exclusiva a perpetrar travesuras con explicación científica.
El recorrido comienza con un taller en el que monitores tocados con gorro de Papá Noel introducen a los más pequeños en el apasionante mundo del hielo carbónico, el generador de electricidad estática Van De Graaf y el condensador Leyden. Todo parece magia. Hacia la una de la tarde de ayer la sorpresa era máxima cuando el hielo, al sublimarse, lo hacía en una densa niebla muy al estilo de las películas de miedo. Y la niebla no deja solo caras de sorpresa, sino un dato: que la sublimación se produce a 80 grados bajo cero. Los animadores pertenecen a la empresa Ciencia Divertida, cuya gerente, Ana Isabel Pérez, explica la ristra de actividades programadas, que concluyen todas con sonrisas. Lucía, de 6 años y Jose, de 8, salen encantados, casi sin palabras para explicar todo lo vivido.
El show científico sigue de la mano de José María Corrales. Comienza enseñando una serie de aparatos de los que se ven mucho en los bazares chinos. Un haz de fibra óptica, lámparas de lava, termómetros de Galileo o un péndulo de Newton describen a la perfección determinadas leyes. Si hubiera que explicarlas en frío probablemente llenarían encerados y causarían más de una jaqueca pero así, todo parece de lo más sencillo. Un curioso juguete portugués muestra como la oscilación circular de un peso transmite, casi simultáneamente, la fuerza a cuatro puntos: cuatro gallinitas que picotean sobre una tabla y que causa verdadero furor. No todo iban a ser consolas.
Naturaleza
El recorrido continúa con un espacio dedicado a La Orden, en la localidad de Guadajira, en Badajoz, un centro de investigación agraria que comenzó a formarse en 1995 para estudiar la adaptación de las especies extremeñas del género Quercus a condiciones homogéneas de suelo, humedad y temperatura.
Sobre una mesa, un montón de semillas metidas en botes y con su cartelito identificador. Por las paredes, paneles que dan más detalles sobre lo que se puede contemplar. Corrales lanza una pregunta que deja a todos -padres, niños, abuelitos-, pensando. «En Extremadura hay 380 pueblos de los cuales 125 se llaman como las plantas». Se anima uno y siguen todos: Aliseda, Oliva, Robledillo, Madroñera o Zarza.
El humor pespuntea toda esta muestra. Figuras ambiguas que tan pronto son un esquimal como un indio, una joven o una vieja. Dibujos que marean si se les mira determinada forma. Chistes sobre científicos o números que resultan ingeniosos que sacan, por lo menos, una sonrisa. Es el lado amable de la ciencia, del que puede disfrutarse también hoy en la Sala Permanente Municipal.




















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